El Estadio Banorte rugió como solo lo hace en las grandes noches. Sol de media tarde, tribunas pintadas de azul y amarillo, y dos equipos con historias cruzadas dispuestos a dejar todo en el césped. Lo que prometía ser una prueba de fuego para unas Águilas tambaleantes se convirtió en un espectáculo de seis goles, drama y dos penales que cambiaron el rumbo del partido.
Desde el silbatazo inicial, Pumas salió con la intensidad del líder. Al minuto 5, un golpe de vestidor: Juninho abrió el marcador con un remate preciso que dejó helado al Azteca. Las Águilas, con bajas importantes y la presión de tener que salvar el semestre, intentaron responder rápido.
Y lo hicieron. Al 13′, Isaías Violante —el hombre que entró por la baja de Brian Rodríguez— emparejó los cartones con un gol que olió a revancha y a “aquí estamos”. El partido se abrió, se volvió de ida y vuelta, de esos que hacen que uno no parpadee.
Pero los felinos tenían más hambre esa tarde. Antes del descanso, Uriel Antuna (44′) volvió a poner a Pumas adelante con velocidad y desborde por la banda. Se fueron al descanso 2-1, y se sentía que los universitarios controlaban el ritmo.
En el complemento, el golpe fue más duro. Al 52′, Jordan Carrillo amplió la ventaja a 3-1. Pumas olía a victoria cómoda, a validación de su gran torneo regular. América parecía grogui… pero las Águilas nunca mueren fácil en liguilla.
Llegó el momento clave. Al 78′, penal a favor de las cremas. Henry Martín, el killer de las grandes citas, lo cambió por gol. El Banorte explotó. Cinco minutos después, otro penal (85′), esta vez para Alejandro Zendejas, que lo mandó adentro con frialdad. 3-3. Locura total.
De un 3-1 en contra a rescatar un punto en casa con dos penales en siete minutos. Pumas dominó gran parte del encuentro, tuvo más claridad en ataque y mereció más en varios tramos, pero América mostró garra, carácter y esa mística azulcrema que aparece cuando más se necesita.
El saldo: Un partidazo digno del Clásico Capitalino. Pumas se lleva un empate que sabe a poco pero que mantiene la ventaja de cerrar en CU. América, que entró como octavo, se aferra a la vida y demuestra que en eliminación directa sigue siendo un rival peligrosísimo.
Ahora todo se definirá el próximo domingo en el Olímpico Universitario. Ahí no habrá piedad. ¿Avanzará el líder o la jerarquía americanista dará el golpe?